transiciones de 18 meses a 3 años

De la cuna a la cama: cuándo hacer el cambio y cómo hacerlo sin que os rompa las noches

Marian Galarraga, asesora de sueño infantil

Marian Galarraga, asesora de sueño infantil · Publicado el

Madre tumbada junto a su hijo pequeño en una cama baja a ras de suelo, con la cuna vacía al fondo de la habitación, en su primera noche del paso de la cuna a la cama, ilustración en acuarela

la respuesta corta

El paso de la cuna a la cama suele ir bien en torno a los 2,5 o 3 años, cuando el niño ya entiende que ese es su sitio para dormir. Se adelanta si escala y se sale de la cuna, porque deja de ser segura. Mejor no hacerlo en plena regresión ni junto a otros cambios (pañal, guardería, hermano).

Llevas semanas mirando esa cuna con otros ojos. Igual porque ayer le pillaste con una pierna por encima de la barandilla. Igual porque hay un hermano en camino y la cuna va a hacer falta. O porque tiene dos años y medio, te ha señalado la cama de los primos y has pensado «¿ya?». Y a la vez te da miedo tocar algo que más o menos funciona, porque las noches os han costado. Tranquila: este cambio no tiene por qué romper nada si eliges bien el momento. Y el momento importa bastante más que el mueble.

¿Cuándo toca pasar de la cuna a la cama?

La respuesta de Marian es sencilla: cuando tu hijo entiende que ese es su sitio para dormir y es capaz de quedarse en él. Eso suele pasar en torno a los 2,5 o 3 años, aunque cada familia es un mundo. Antes de esa edad, un peque que ya gatea o camina no quiere quedarse quieto en un solo espacio, y es normal: acaba de descubrir que puede moverse y su cuerpo le pide practicar. La cuna le contiene, y eso, lejos de ser una jaula, es un favor que le hacéis. Le da un límite claro en un momento en que él todavía no puede ponérselo solo.

Por eso no conviene adelantar la cama solo porque protesta al entrar en la cuna. El rechazo a la cuna existe, sobre todo en bebés que nunca han dormido en ella o que llevan una temporada durmiendo en otro sitio, pero la solución en esos casos suele ser otra: que la cuna vuelva a ser un lugar agradable, con ratos de juego y mimos dentro que no tengan nada que ver con separarse ni con dormir. Si tu bebé es pequeño para la cama, la cuna sigue siendo su mejor aliada durante un tiempo.

Las señales de que sí ha llegado el momento

  • Intenta salirse de la cuna, o ya lo ha conseguido. Esta es la señal que manda sobre todas las demás: una cuna de la que se puede escalar ha dejado de ser un lugar seguro, y en ese caso se cambia a cama aunque no tenga la edad.
  • La barandilla le llega por debajo del pecho. Aunque todavía no lo haya intentado, la cuna se le está quedando pequeña y el salto es cuestión de tiempo.
  • Muestra interés por las camas de «niños mayores». Pregunta, se sube a la vuestra, quiere dormir como su primo. Cuando la ilusión sale de él, el cambio tiene medio camino hecho.
  • Está aprendiendo a ir al baño y necesita poder levantarse. Ojo aquí, porque justo este es uno de los cambios que no conviene juntar con el de la cama. Lo vemos ahora.
  • Llega un hermano y la cuna va a hacer falta. Es un motivo familiar perfectamente válido, siempre que se haga con tiempo y no la semana que nace el bebé.
  • Tiene más de un año y nunca ha dormido en cuna. Marian lo cuenta como excepción: un peque que ha hecho colecho siempre puede rechazar la cuna por ser un espacio cerrado, y en esos casos pasar directamente a una cama baja puede ser la mejor opción para toda la familia.

Si estáis en la última situación, seguramente os interese también cómo se deja el colecho sin drama, porque ahí la cama nueva es solo una parte de la mudanza.

¿Por qué no conviene hacerlo en mitad de una regresión ni junto a otros cambios?

Los grandes cambios alteran el sueño durante un tiempo. Forma parte de crecer y no hay manera de evitarlo. El problema llega cuando se juntan varios a la vez, porque entonces el peque no tiene a qué agarrarse y lo que iba a ser un bache de unos días se convierte en un problema largo. Marian lo dice sin rodeos: no acumules cambios. Quitar el pañal y estrenar cama la misma semana es la receta perfecta para que ninguna de las dos cosas salga bien. Dale tiempo a cada una.

Lo mismo vale para la guardería, cuyas primeras semanas de adaptación traen más cansancio del habitual, y para las regresiones, que pueden aparecer en cualquier momento y durar varias semanas. Si tu hijo está en plena ansiedad por separación, enfermo o con los dientes a punto de salir, no es el momento de cambiarle además el sitio donde duerme: espera a que las aguas vuelvan a su cauce. Y si acaba de aprender a andar y está a tope practicando, la libertad de una cama puede ser directamente peligrosa, porque de noche va a querer seguir practicando.

Con el hermano pasa algo parecido. Si el mayor ve que su cuna pasa al bebé justo cuando llega el bebé, es fácil que lo viva como «me han quitado mi sitio» y que el sueño lo pague. Por eso, si sabéis que la cuna va a cambiar de manos, lo ideal es hacer el paso a la cama meses antes del nacimiento, con la casa todavía tranquila, para que cuando llegue el pequeño la cama ya sea suya desde hace tiempo.

¿Cama Montessori a ras de suelo o cama con barandilla?

Aquí Marian es muy clara: no hay una opción mejor que otra, sino la que mejor funcione para vuestra familia y con la que tú te vayas a sentir segura. La cama a ras de suelo tiene ventajas reales: si se cae, cae desde muy poca altura, y vosotros podéis tumbaros con él y salir sin acrobacias, algo que las primeras noches se agradece. La cama con altura y una barrera anticaídas también funciona. Lo que de verdad cambia con cualquiera de las dos es otra cosa: tu hijo deja de estar contenido y pasa a tener toda la habitación a su alcance, también de noche y sin que le veas.

Por eso el marco de este cambio es la seguridad de la habitación entera, no solo de la cama. Marian lo resume así: ahora tu bebé puede estar a sus anchas, y todo el espacio tiene que ser seguro para él. Para aterrizarlo, y también para saber qué ropa de cama y qué almohada le corresponden a su edad, lo mejor es seguir las recomendaciones de sueño seguro de vuestro pediatra, que son las que valen para vuestro caso.

¿Qué es normal las primeras noches?

Que pida más compañía de la que pedía en la cuna, aunque ya supiera dormirse solo. Que se levante y aparezca en el pasillo con cara de «mira lo que puedo hacer». Que las siestas bailen un par de días. Todo eso forma parte de la adaptación y no dice nada de si os habéis equivocado. Lo que más ayuda es que todo lo demás siga igual: la misma rutina de noche, las mismas frases, la misma hora. Cambia una sola cosa, la cama, y que el resto le resulte tan familiar que la novedad se note lo menos posible.

También ayuda que llegue a la noche con el cansancio justo. Un peque pasado de vueltas en una cama de la que puede salir es una combinación difícil, así que el día merece atención. Estas son las referencias de Marian para su edad:

De 18 a 36 meses
Ventana de sueño5 a 7 horas
Sueño diurno objetivo2 a 3 horas
Siestade 60 minutos a 3 horas
Nº de siestas1 o ninguna

Si andáis justo en el momento en que la siesta única empieza a tambalearse, os interesa leer sobre la transición de siestas antes de sumarle una cama nueva.

Si os lanzasteis pronto y las noches se han convertido en una carrera de pasillo, volver a la cuna una temporada no es dar marcha atrás. Es elegir el momento bueno en vez de forzar el malo. Nadie se acuerda de cuándo dejó la cuna, pero un peque sí nota cuando sus padres están agotados.

¿Y si ya lo habéis hecho y las noches se han roto?

Dos cosas distintas pueden estar pasando. Una es que el cambio en sí necesite un plan: cómo acompañar las primeras noches, cómo responder cuando se levanta, cómo hacer que la cama sea su sitio sin peleas. Eso es una transición concreta y cabe en una sesión: una asesoría con Marian os da el cómo aplicado a vuestro caso. La otra es que la cama haya destapado algo que ya estaba, como un sueño que dependía mucho de vosotros o unos despertares que la cuna disimulaba, y ahí lo que hace falta es trabajar el sueño de fondo con el plan personalizado, con Marian estudiando vuestro caso y acompañándoos a diario. Si no sabéis en cuál de las dos estáis, en la página de sueño de 5 meses a 3 años tenéis el mapa completo, y siempre podéis reservar 15 minutos con Marian, gratis, y salir sabiéndolo.

Las dudas que todas nos preguntan

¿Se puede pasar a la cama antes de los 2 años?

Se puede, pero conviene tener claro el porqué. Antes de los 2,5 años, más o menos, la mayoría no entiende todavía que tiene que quedarse en un solo sitio para dormir, y la cuna les hace justo ese favor. Si el motivo es que ya escala y se sale, sí: la seguridad manda sobre la edad. Si el motivo es que protesta al entrar en la cuna, casi siempre compensa más trabajar que la cuna vuelva a ser un lugar agradable que adelantar la cama.

¿A qué edad se puede usar una cama Montessori a ras de suelo?

En el material de Marian, la cama baja aparece como una buena opción para peques de más de un año que nunca han dormido en cuna y que probablemente la rechazarían por ser un espacio cerrado. Es más segura ante caídas y los padres pueden entrar y salir con comodidad. Para bebés más pequeños, lo que marca la pauta son las recomendaciones de sueño seguro de vuestro pediatra, no el tipo de cama.

¿Qué hago si se levanta de la cama una y otra vez?

Es de lo más común las primeras noches, así que cuenta con ello y no lo leas como un fracaso. Ahora tiene libertad y la está probando. Lo que ayuda es la calma y la coherencia: la misma respuesta cada vez, sin convertirlo en un juego ni en una batalla. Si el subir y bajar se enquista pasadas unas semanas, es una de las cosas que se resuelven bien con un plan concreto para vuestro caso.

Necesito la cuna para el bebé que viene, ¿cuándo hago el cambio?

Con margen, meses antes del nacimiento, y no la semana que llega el bebé. Si el mayor ve que su cuna pasa al hermano justo cuando todo cambia en casa, es fácil que lo viva como una pérdida y que el sueño lo pague. Si no os da tiempo a hacerlo con calma, otra opción es que el recién nacido duerma los primeros meses en un moisés o cuna colecho y la cuna grande cambie de manos más adelante.

¿Cuánto tarda en acostumbrarse a la cama nueva?

No hay un plazo, y desconfía de quien te lo prometa. Depende de su edad, de su temperamento y de si el cambio llega en un momento tranquilo o en mitad de otras novedades. Lo normal es que las primeras noches pida más compañía y se levante alguna vez, y que en cuestión de días o semanas la cama sea simplemente su cama. Si pasado ese tiempo las noches siguen rotas, suele haber algo más debajo que merece mirarse.

¿Y vuestro caso en concreto?

Cuéntaselo a Marian en una llamada de 15 minutos, gratis y sin compromiso, y os dice con sinceridad qué camino encaja.

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