sueño de 15 a 18 meses

La regresión del sueño de los 18 meses: autonomía, dientes y límites

Marian Galarraga, asesora de sueño infantil

Marian Galarraga, asesora de sueño infantil · Publicado el

Madre sentada junto a la cuna de noche sosteniendo la mano de su hijo de 18 meses, que se resiste a dormir en plena regresión del sueño, ilustración en acuarela

la respuesta corta

La regresión del sueño de los 18 meses suma otro pico de ansiedad por separación, un peque con más carácter que ha descubierto que insistiendo consigue lo que quiere, y la transición a una sola siesta, que llega entre los 14 y los 18 meses. Es una fase; se acompaña con despedidas predecibles y una respuesta parecida cada noche.

Hasta hace nada se dormía razonablemente bien, y ahora la rutina de la noche se ha convertido en una negociación: no quiere el pijama, no quiere la cuna, no quiere que te vayas, y a las tres de la mañana te llama con una voz que ya no suena a bebé. De día tampoco es fácil: la siesta de la tarde un día sí y otro no, y un «no» a todo que estrena con orgullo. Respira. Hacia los 18 meses no se ha roto nada. Tu peque se está convirtiendo en una personita con voluntad propia, y eso, claro, también se cuela en las noches.

¿Qué está pasando a los 18 meses?

Marian lo resume en una línea dentro del curso: ansiedad por separación, más carácter y una transición de siestas que puede afectar. Vamos a desplegarla.

  • La ansiedad por separación vuelve a subir. Suele aparecer sobre los 8 meses y tiene varios picos hasta los 24-30 meses, y el de esta edad es de los intensos. La diferencia con los anteriores es que ahora lo entiende todo: sabe que te vas, sabe que la cuna es el sitio donde te pierde de vista, y con el cansancio del final del día se siente más vulnerable que nunca.
  • Tiene más carácter y ha descubierto que a veces consigue lo que quiere. Esto es literal del curso 5-36 y explica buena parte de lo que ves. Ha aprendido que si insiste, con el llanto, con el «no» o pidiendo agua por quinta vez, a veces la respuesta cambia. No lo hace para manipularte: está probando dónde están los límites, que es exactamente su trabajo a esta edad, aunque todavía no tenga palabras para contártelo.
  • La transición a una sola siesta. Entre los 14 y los 18 meses la mayoría pasa de dos siestas a una, y mientras el día se reorganiza es fácil que el sueño diurno cojee y la noche lo pague con despertares o madrugones.
  • Los dientes. A esta edad se nombran mucho y pueden sumar alguna noche incómoda. Si hay dolor claro o fiebre, eso lo mira el pediatra: no es cosa de un plan de sueño.

Si has pasado por las anteriores, reconocerás el patrón. La regresión de los 4 meses cambió su forma de dormir para siempre; la de los 8 meses fue el cuerpo en obras, con el gateo y el ponerse de pie; la de los 12 meses trajo el andar y otro pico de separación. La de los 18 tiene un ingrediente que ninguna de las otras tenía: por primera vez hay una voluntad clara al otro lado de la cuna. Ya no solo le pasan cosas; ahora también decide, o lo intenta.

¿Qué es normal en su día entre los 14 y los 18 meses?

De 14 a 18 mesesDe 18 a 36 meses
Ventana de sueño4 a 6 horas5 a 7 horas
Sueño diurno objetivo2,5 a 3 h2 a 3 h
Siesta mínima60 min60 min
Siesta máxima3 h si es una sola; 1,5 h por siesta si son dos3 horas
Nº de siestasentre 2 y 11 o ninguna

En total, entre los 12 meses y los 2,5 años lo recomendado son 11 a 14 horas de sueño en 24 horas. Y recuerda dos matices que valen tanto como la tabla: las ventanas se alargan unos 15 minutos cada 3-4 semanas, por eso el horario que funcionaba hace un mes deja de funcionar sin que nadie haya hecho nada mal; y la última ventana del día, la que va de la siesta a la hora de dormir, es la más larga.

Rangos anchos a propósito: son puntos de partida, no exámenes. Sus señales de cansancio mandan sobre cualquier tabla, y un peque que duerme una hora menos que el de la vecina no está durmiendo mal.

¿Es la regresión o es que ya le toca una sola siesta?

A esta edad hay dos cosas que se parecen muchísimo y se confunden: un peque removido por la regresión que pelea la siesta porque está en plena tormenta, y un peque que de verdad está preparado para dejar una. Marian da señales concretas de lo segundo: la hora de dormir se va retrasando porque la última siesta es cada vez más difícil; esa siesta se acorta; aparecen despertares nocturnos que antes no pasaban; de repente madruga más de lo normal; y está en el rango de edad, entre los 14 y los 18 meses.

Si cumple las señales y la edad, probablemente sea el momento, con una condición: antes de quitar una siesta, la que se queda tiene que estar consolidada. Si lo que hay es una mala racha de tres días, sostén las dos siestas y espera a ver. Y ojo con la trampa de esta edad: quitar una siesta antes de tiempo suma sobrecansancio justo cuando menos falta hace, y a un peque sobrecansado le cuesta muchísimo más dormirse. En la guía de la transición de 2 siestas a 1 tienes cómo distinguir una cosa de la otra con calma.

Cómo acompañar la regresión de los 18 meses sin entrar en la batalla

  • Despedidas cortas, seguras y de verdad. Mismo ritual, mismas frases, y sales. Siempre es mejor despedirse aunque llore que escabullirse: lo que necesita aprender es que siempre vuelves, y solo lo aprende si te ve irte y volver. Alargar la despedida alimenta la ansiedad en vez de calmarla.
  • Un ritual igual cada noche. La misma canción de despedida, el mismo beso, las mismas palabras de buenas noches. A esta edad la predictibilidad calma más que cualquier novedad, y ya puedes hablarle de lo que haréis mañana al despertar, algo que le haga ilusión el día siguiente.
  • Deja que decida algo. Qué pijama, qué cuento, qué canción: siempre entre dos opciones válidas que eliges tú. Siente que tiene poder sobre lo que pasa, y el marco lo sigues poniendo tú. Es la forma más amable de darle la autonomía que pide sin que la hora de dormir se abra a negociación.
  • Responde parecido cada noche. Este es el punto que más cuesta y el que más importa a los 18 meses. Si la respuesta cambia según lo cansada que estés o lo fuerte que llore, aprende que insistiendo un rato consigue cambiarla, y la siguiente vez insiste más. Con cariño, con presencia y con la misma respuesta, que es muy distinto de ser rígida.
  • Si está tranquilo en la cuna, déjale. Charlando, cantando, dando vueltas: si no llora, no hace falta intervenir. Está practicando, y esa práctica es sueño autónomo en construcción.
  • Un objeto de apego. Un peluche o una muselina que le acompañe en la separación puede ayudar mucho a esta edad, ahora que ya lo reconoce como suyo.
  • Cuida el día. Con las ventanas de su edad, una siesta que no baje de los 60 minutos y la transición bien acompañada, la noche llega con mucho ganado.

Si con tanto «no» vuestra rutina de noche se ha desdibujado, la guía de la rutina de sueño te ayuda a reconstruirla con lo justo: pocos pasos, siempre los mismos, y un final claro.

Si anoche cediste a las once con el tercer vaso de agua, no has estropeado nada ni le has creado un vicio. Estabas agotada y tu peque estaba probando límites, que es literalmente su trabajo a esta edad. Un límite puesto con cariño muchas veces vale más que uno perfecto una sola noche.

¿Y si a los 18 meses las noches ya venían torcidas de antes?

Entonces la regresión no ha creado el problema: ha destapado un sueño que dependía mucho de ayudas externas, y que se resiente con cada fase del desarrollo. Eso no se espera, se trabaja, y a esta edad se puede hacer de forma gradual, con tu presencia y sin dejarle llorar. Dentro del curso de 5 a 36 meses tienes las señales de la transición de siestas, cómo acompañar la ansiedad por separación y herramientas pensadas para peques que ya entienden la hora de dormir. Y si preferís que sea Marian quien estudie vuestro caso y os acompañe a diario, el plan personalizado es para eso. Si no sabéis si lo vuestro es fase o fondo, contádselo en 15 minutos, gratis, y salís con la respuesta. Y con todo lo que está creciendo en la etapa de 5 meses a 3 años, os vendrá bien tenerla a mano.

Las dudas que todas nos preguntan

¿Cuánto dura la regresión de los 18 meses?

No hay un plazo fijo y desconfía de quien te lo prometa. Las regresiones pueden durar varias semanas, y esta depende de qué la esté alimentando en tu peque: los picos de ansiedad por separación van y vienen hasta los 24-30 meses, y la transición a una siesta dura lo que tarde el día en reordenarse. Lo que sí acorta el mal trago es una respuesta tranquila y parecida cada noche y un día con las ventanas de su edad.

¿Por qué me llama a gritos de noche si antes dormía del tirón?

Porque ahora entiende muchísimo más que hace unos meses. Sabe que te has ido, sabe pedirte que vuelvas, y con el cansancio de la noche se siente más vulnerable. Además, a esta edad ha descubierto que si insiste a veces la respuesta cambia, así que prueba. Ni vicio ni manipulación: un peque probando dónde están los límites, que es su trabajo a los 18 meses.

Si cedo por la noche, ¿le estoy creando un vicio?

Una noche no crea nada, así que quítate esa culpa. Lo que sí pesa es el patrón: si la respuesta cambia según lo cansada que estés o lo fuerte que llore, aprende que insistiendo un rato consigue cambiarla, y cada vez insiste más. Por eso lo que más ayuda a esta edad es una respuesta parecida cada noche, dada con cariño, que es muy distinto de ser rígida.

¿Pueden ser los dientes lo que le despierta a los 18 meses?

Pueden sumar alguna noche incómoda, y es normal que te lo plantees. Pero los dientes rara vez explican semanas enteras de noches rotas: lo habitual es que se junten con la ansiedad por separación y la transición de siestas. Si ves dolor claro, fiebre o algo que no te cuadra, eso lo mira el pediatra; el sueño se trabaja con lo demás.

¿Es tarde para trabajar su sueño a los 18 meses?

Para nada. El sueño se puede trabajar desde los 5 meses y hasta los 36, y a los 18 hay una ventaja: tu peque ya entiende mucho más la separación y la hora de dormir, así que se le puede explicar, anticipar y dar pequeñas decisiones. Lo que no conviene es hacer cambios bruscos en plena tormenta; lo que sí, ordenar el día y avanzar de forma gradual, con tu presencia y sin dejarle llorar.

¿Y vuestro caso en concreto?

Cuéntaselo a Marian en una llamada de 15 minutos, gratis y sin compromiso, y os dice con sinceridad qué camino encaja.

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